26/11/2009 por Salva Molina.
En las últimas semanas, se han ido sucediendo algunos de los lanzamientos más importantes de cara a finales de año, han llegado los títulos que la gran mayoría de jugadores esperaban, y se han producido ciertos acontecimientos que han sido el punto de mira de propios y extraños. Ante semejante agolpamiento de información y sucesos y con los todavía recientes “bombazos” del año, parece que tendremos un final de 2009 movidito. Pero, ¿Realmente merece la pena tanto revuelo? ¿Qué beneficio nos aporta esto a nosotros, los jugadores?
Todavía está presente en nuestros paladares, el buen sabor de boca que están dejando títulos como Assassin’s Creed II, Modern Warfare 2, y otros que a pesar de su sobresaliente resultado, como puede ser el caso de Dragon Age, van a pasar mucho más desapercibidos de manera irremediable ante un público cegado por el arrollador éxito de los dos títulos citados.
Poco que comentar acerca del título de Ubisoft, que sin duda ha conseguido encandilar a todo el público y dejar un grato recuerdo. Se podría considerar una simple expansión de la primera entrega, con algunas mejoras técnicas sazonadas con una jugabilidad evolucionada en cierto modo, pero siempre sin menospreciar el buen trabajo realizado en paliar algunos los problemas que hicieron tan cuestionado al capítulo protagonizado por Altair.
El éxito de Modern Warfare 2 es incuestionable; su jugabilidad, digna de elogio; y la diversión que llevará a miles de hogares, un auténtico regalo de navidad. Y todo ello, sin presentar una evolución clara respecto a la primera entrega. Nuevas armas, modos, mejoras técnicas y violencia extrema gratuita para nuestras retinas. ¿Pero no hemos ido viendo todo esto trimestre tras trimestre de la generación actual? ¿Es este todo el tipo de evolución que nos espera?
Cierto es que las anteriores generaciones han venido marcadas en gran parte por el salto gráfico que suponía el hecho de la aparición de nuevas plataformas. Sin embargo, no pasa desapercibido el hecho de que tras este salto, y siempre intentando mejorar tanto en aspectos técnicos como artísticos, no dejaban de aparecer títulos que con un nuevo concepto, o simplemente la reinvención de otros ya conocidos conseguían sorprender. Sin embargo, en contadas (mínimas) ocasiones hemos visto esta situación en los títulos de esta generación “hardcore”.
No menos cierto es que según van apareciendo nuevos proyectos y surgen nuevas ideas, se hace harto difícil innovar con algo que no se haya visto ya. Como triste escapatoria –triste pero natural- a este hecho, se recurre a nuevas tecnologías en busca de ofrecer al jugador una interacción con el mundo de juego más allá que la de machacar un puñado de botones. Sin irnos atrás en el tiempo –pues no es el objetivo de este artículo enseñar historia acerca de la evolución en los videojuegos-, y limitándonos a esta generación, ha sido Wii la que ha conseguido llevar ciertos aspectos a una nueva dimensión, con más y menos acierto en según qué títulos, pero haciéndose un hueco en el mercado de una forma abrumadora, por mucho que pese a algunos.
Ahora, EyePet y Invizimals, intentan llevar a la práctica de otros modos esta interacción 2.0 que se busca con el fin último de entretener, y el objetivo primario de captar una ampliar cartera de clientes. Y ojito, pues aún queda mucho por ver, pero podríamos estar hablando de un nuevo paso en la casualización de los videojuegos, y el retorno de los tamagotchi, eso sí, en otro formato. Pero, recordemos, como triste escapatoria. Y no triste porque no sea una alternativa válida, sino porque a la hora de hablar de evolución, resulta casi imposible no tener que recurrir a estos proyectos. ¿Acaso hemos tocado techo y esto es todo lo que da de sí el ingenio de las desarrolladoras?
Volviendo al título de Activision, huelga decir lo que ya se ha debatido en multitud de ocasiones, pero no deja de ser preocupante cómo esta violencia gratuita está consiguiendo cambiar la mentalidad e muchos gamers hasta cotas que hace unos años ni habríamos pensado. Y es que, por triste que sea, la sangre vende. Triste, no por ser sangre, palabra que a menudo suele venir acompañada de connotaciones negativas, sino por el hecho de que sea algo que se considere tan importante a la hora de hablar de la calidad de un título. No habla aquí la voz de un jugador que odie los shooters, sino la opinión que otorga el hecho de estudiar de manera crítica, de un tiempo a esta parte, cómo se puede cambiar a un tipo de jugador haciendo uso de ciertos factores que puedan dar más morbosidad en un momento dado a según qué tipo de mentes.
Todos tenemos ese amigo que siempre ha estado ahí para criticar apuestas como Counter-Strike, a veces simplemente por esa misantropía trasladada al ámbito de los videojuegos y presente en bastantes jugadores, que lleva a odiar un título sin haberlo probado, sólo por el hecho de ser el juego del que todos –incluso el cretino de turno del pupitre de al lado que semanas antes te llamaba friki por hablar de videojuegos en el recreo- hablan. A estas alturas de la historia, resulta curioso ver como a ese auto-proclamado enemigo de los shooters, títulos como Modern Warfare le hacen olvidarse de todo, para pasarse el día hablando de lo alucinante que resulta el efecto de cada arma o explosión presente en el juego. ¿Acaso no está cayendo este tipo de jugadores en esa misma red que ellos mismos criticaban? Por lo visto la sangre HD es suficiente para hacer olvidar toda la calidad que se exige a ciertos títulos.
Y no es esto una crítica, ni un aspecto negativo, sino más bien una llamada de atención, pues todos evolucionamos como jugadores y buscamos nuevos atractivos que nos hagan sorprendernos y emocionarnos delante de nuestro monitor. Sin embargo, no deja de ser triste que para sentir estas emociones con según qué juegos, dicho monitor tenga que ofrecer una resolución mínima e ir acompañado de un cable especial. En este sentido, parece un retroceso o involución a lo que realmente estamos asistiendo.
No merece la pena extenderse en demasía para comentar lo que ya se viene intuyendo desde párrafos atrás, pero, más allá de la diversión que también consiguen otros cientos de títulos ¿Qué nos aporta esto? ¿Realmente las astronómicas cifras que se están pidiendo por poder disfrutar de estas “panaceas” gráficas están acordes a lo que se ofrece? Por mucha controversia que pueda generar, es innegable que estamos ante ciertos productos que no son sino refritos con unos pespuntes aquí y allá para hacer más atractivo un concepto sobre el que no se ha trabajado para innovar en nada.
Acerca del precio de los mismos -y entramos aquí en otro debate que merece artículo aparte-, parece más un capricho de ciertos mandamases que lo que realmente vale el producto. Con esto, cada uno puede hacer lo que le parezca, pero lo que está claro es que dando apoyo a este tipo de movimientos, mejor estar preparados para lo que pueda venir, con la lupa en mano en busca de los pasos adelante, pues mientras cada compañía esté en su particular lucha de demostrar quién la tiene más grande, podemos esperar sentados a que llegue una apuesta realmente interesante.