03/02/2010 por Daniel Ferrer Leon
El cine actual, falto de ideas originales, está recogiendo de multitud de fuentes el argumento o trasfondo de sus próximos títulos en pantalla grande. Entre dichas fuentes se encuentra el mundo de los videojuegos, uno de los sectores con mayores beneficios actualmente, y que ya desde los años 80 ha estado presente en la gran pantalla y va ganando importancia en los últimos tiempos, a la espera de un aluvión de próximos estrenos que tomarán a los héroes de nuestras consolas u ordenadores como nuevos ídolos de la pantalla. Este proceso de adaptación ha tenido sus buenos y malos resultados, pero sin lugar a dudas estamos hablando de una colaboración que dará mucho más que hablar en un futuro cercano.
Podemos considerar a la película Tron, de Steven Lisberger como una de las primera muestras del mundo de los videjuegos en la pantalla grande. La película, producida por Disney, fue la primera en utilizar efectos especiales generados por ordenador y contó con un más que arriesgado presupuesto de 17 millones de dólares. A pesar de que no contó con la base de un videojuego ya existente, pues su versión consolera salío después de la película, siendo adaptada por Midway y teniendo mayor éxito que la misma película, tanto el guión como su desarrollo se cuenta con muchos elementos propios de aquella época. La película contaba con el portagonismo de un jovencísimo Jeff Bridges que se introduce en los circuitos de un ordenador en el que cada programa dispone de personalidad propia (¿quién no recuerda las carreras de motos de luz?). El film no tuvo mucha aceptación en principio pero con los años se ha terminado convirtiendo en una película de culto y de gran aceptación entre los aficionados al mundo de los videojuegos.
Después de la impresionante Tron, dos nuevos ejemplos pusieron la atención del público al volver a mostrarnos contenidos del mundo de los videojuegos en el mundo del cine (de nuevo sin basarse en un juego existente pero tomando la ideas de varios títulos de aquellos años). Estamos hablando de Juegos de Guerra (1983) y Starfighter (1984). En la primera se nos contaba cómo un juego de ordenador que en principio parecía inofensivo podía provocar la tercera guerra mundial. En el caso de Starfighter, la trama giraba en torno a la habilidad de un joven a los mandos de una máquina recreativa de naves especiales, lo que provocaba la atención de una raza extraterrestre que lo elige para defender el universo de las manos de una raza hostil. Ambas películas, sobre todo la primera, gozaron de un relativo éxito que empezaba a dar muestras de lo que los videojuegos podían aportar al mundo cinematográfico.
La primera adaptación concreta de un videojuego de éxito a las pantallas fue la de Commando(1985), que cogía la idea del juego del mismo nombre del año anterior y cuyo protagonista en la pantalla de cine fue el ahora gobernador de California Arnold Schwarzenegger, convirtiéndose tanto su versión jugable como su posterior película en rotundos éxitos. Recordemos que el juego había sido creado en el año 1984 por Konami, basando su desarrollo en un simple pero espectacular juego de acción donde los disparos eran los principales protagonistas. Desgraciadamente habría que saltar hasta principio de los 90 para encontrarnos con la siguiente adaptación, esta vez de un juego de culto como Mario Bros. El videojuego de Nintendo era en aquellos momentos un juego de culto y se decidió elegir actores consagrados para llevar su versión a la gran pantalla, como fueron Bob Hoskins, John Leguizamo o Dennis Hooper como King Koopa. El resultado, a pesar de los esfuerzos económicos, fue un tremendo fracaso al no saber adaptar el ambiente que nos transmitían los fontaneros a través de sus juegos. Además los fans de los diferentes títulos se sintieron engañados al comprobar cómo el origen de muchos de los personajes no era respetado y la historia carecía de sentido. Fue el primer, y por supuesto no el último, gran fracaso de las “películas de videojuegos”.